martes, 9 de abril de 2019

El hombre libre




No hay joya tan valiosa como la libertad del hombre viandante,
 el cuál con sus armas más notables: armonía, calma y acuerdo,
arroja pétalos de rosa al viento y danza sobre colinas de girasoles dorados.

Su voz se alza para exclamar al mundo ¡respeto!
Y su mano se levanta sobre otro para ofrecer un abrazo fraterno.

Cambia el proyectil por una revolución de amor,
Bomba, tanque, mosquetón;
para ser fundidos en monedas de valor,
para levantar a al carente,
para albergar al herido,
para proteger los vestigios,
para redimir la sangre de la memoria encarcelada.

Para propalar olivos balsámicos
e inundar la tierra en lechosas amapolas tersas.
Para liberar copiosas palomitas blancas,
que vuelen libres por doquier sea.


lunes, 9 de abril de 2018

No quisiera


No hay manera de volver, a veces quisiera
y llegar hasta el momento de alterar la vida y no tocarte, quisiera
de mirar la linea recta que conduce a la moral, quisiera 
y de no soltar el eje, el cual no solía recordar, yo quisiera.

Aturdida súbitamente por el tejido de tus palabras serenas,
las que arropaban cuerpo, sangre y esencia en aquella esfera.
¡Vuelve! capitán de aquellas noches de bruma espesa
¡Canta otra vez en mi llanto y desnuda tu alma funesta!
¡Vuelve mestizo! ¡Vuelve mitad azteca! renuncia a tu Tenochtitlán y camina por otra senda.

No hay manera de volver, no quisiera
ver el gris de tu rostro, no quisiera
encender tus ojos garzos, no quisiera
escuchar tu soplo céntrico, tal vez quisiera
y mirarte un lapso tardío, quisiera.
¡Vuelve hijo de la chingada! yo quisiera.


lunes, 15 de enero de 2018

Injusta entrada a la vida y sin salida

Y cuando llegaste no hubo celebración,
solo de dos que miraron asombrados,
que asustados te tomaron y te insertaron en la vida.

Y cuando caminaste no hubo celebración,
poco importaba el tirón,
nada tenía color.

Y cuando volaste no hubo celebración,
solo pasaste, distraído, sin sonidos sin canción.
ausencia en tu presencia, laguna interior.

Y cuando te uniste no hubo celebración,
ni un rostro alegre ni un canto esperanzador.
solo miraste perdido,
no hubo vianda, no hubo juerga, no hubo chicha, ni menos arroz.

Y cuando te sentiste vivo no hubo celebación,
no sabías del aroma de una cava,
no entrabas en el círculo estanco sin sazón.

Y ahora que ya te estas yendo,
¿llegó la hora de celebrar?
ahora que rodeado estás,
ahora que sin miedo y sin freno.

jueves, 7 de diciembre de 2017

Imán y Alboroto

Son las voces de esas mañanas frías,
sonidos que ya no vendrán
son las auras de esos pensantes,
seres que no estarán.

¡Qué deleite trabajar en estos muros planos!
sin colores, sin texturas, sin cuadros.
No hay pautas ni estructuras fastidiosas,
¡Esto es un estado privado!

¿Por qué la felicidad en medio de estos humanos?
¿Por qué mirar en colores lugares apagados?

Son los inciensos encendidos de aroma a ideal bizarro,
¡Ya basta! correligionarios,  ¡Dejad hablar a las minorías, que ya estamos todos cansados!

¡Esto era! al parecer, una magia curiosa,
¡las paredes escuchan, dialogan y provocan!
Es un escándalo de blasfemia onerosa,
¡Es una fiesta insurrecta! Es agitada, es honrosa.


viernes, 1 de diciembre de 2017

Últimamente

Es el color dorado de tu piel que me atrapa,
es el mar en tus ojos  que me hechiza, 
es tu aroma silvestre que me intimida,
es tu mirada magnética  que me apresa en ti,
no puedo escapar de ti. 

Es como si pudiera palparte al instante, 
cuando vienes a mi memoria y te detengo,
es como si pudiera respirar nuevamente tu soplo  
aquel que ya es vestigio en mi cuerpo.

Es como si vinieras y me recitaras esos viejos cantos,
que hablaban de amor eterno, 
que incitaban a la pureza de tibios abrazos,
que suplicaban el ardor de mis besos en tus besos. 

Son tus piernas, tórridas, en dirección a las mías 
como un imán que se prende de su morada,
son tus manos de artista, las que se hacían en las mías, camarada.
son tus caricias perfectas, las que quedaron talladas en mi columna, 
y tus palabras tiernas que dejaste grabadas en mi hasta la tumba. 


miércoles, 18 de octubre de 2017

Como un polluelo que cae de un nido tibio un día salí de mi refugio para aprender el significado de volar. Volar como los pajaritos, esos pequeñitos que aparecen en los jardines de las casas con prados verdes buscando algo.
Entonces comencé un viaje, un viaje muy largo, el cual no tenía destino, no tenía un fin.
De pronto, me encontré aprendiendo el ABC y las sumas y las restas, parece que ya había crecido un poco. La escuela y los maestros eran parte de mi día a día y vivía en aquella escuela de lunes a viernes.
Comenzó la parte difícil de mi vuelo. Me encontré compitiendo, tratando de alcanzar buenas calificaciones y me fue mal.
No siempre las cosas en la vida van bien. A veces salen mal y es importante que salgan mal para aprender algo de esas malas experiencias.
Es cierto que a veces me ponían tristes esas malas calificaciones. Me sentía inferior. Con ganas de no seguir estudiando. Con ganas de quedarme en mi refugio, en mi nido, en la comodidad de mi casa.
Un día casi renuncio a la escuela, un día casi no voy más.
Pero me levanté otra vez, con la fuerza ya de una joven, ya no era tan pequeña, ahora podía opinar y decidir por el color de mi pelo y el estilo de mi ropa.
Me gradué en el vuelo, terminé la escuela. Y seguí volando. Ahora con más firmeza, ahora como una palomita de las plazas con pileta y escaños.
Y seguí volando, me gradué otra vez, y otra vez, y otra vez, y otra vez. Me convertí en un águila.
Un pájaro valiente que ahora tenía voz y más seguridad. Pero también timidez. Esa que nunca se va. Esa la tenía cuando era un polluelo y creo que estará conmigo hasta que camine con ayudas.
¿Aprendí a volar? No lo creo. Aun me falta camino, aun me faltan plumas en las alas para poder formar ese cuerpo fuerte que no le teme a nada. Parece que ese vuelo encumbrado se consigue cuando casi se termina la vida.
Es cierto que fue necesario salir de mi nidal, es cierto que fue necesario pasar por dificultades para disfrutar de esa luz brillante que me acompaña.
Yo busqué esa luz y no quiero que se apague jamás, jamás, jamás.
¡Es verdad que ya no soy el polluelo, ni la palomita, ni el águila! Me he convertido en ese tipo de pájaro con rostro pacifico, con ojos de amistad, con alas de amparo, con pies que caminan para servir a otros.
Ahora como pájaro grande, pienso que fue bueno haber sacado malas calificaciones, ellas me enseñaron el valor de la humildad y el coraje de trabajar duro para tener un lugar en este mundo.
Soy un pájaro, no más que un pájaro. Vuelo porque la vida me ha enseñado a volar. ¡Y que gusto tengo por revolotear y elevarme!