sábado, 20 de abril de 2019

La pascua del clavel
I
Del tazón en que te puse con el agua más acrisolada,
bebiste y floreciste mi clavel.
De la tierra te arranqué la vida y te la devolví a medias;
usurpé tu naturaleza divina y pretendí que conmigo para siempre te quedarías.
II
El primer día, afloraste en un llano perfume celestial y tus corolas venían a ofrecer júbilo manchadas de tintes fulgurantes.
El segundo día, te abriste a tomar los rayos del sol que entraban por tu cuerpo embriagado de ilusión y un porvenir descollante.
El tercer día, respiraste del aire relente de la mañana, el cuál llegaba a visitar sin que nadie lo llamara.
El cuarto día, parecía que nada te apagara. - Clavel ¡ya no eras tan joven! pero a la vida aferrado estabas.
El quinto día, comenzaste a reposar en el agua contaminada. Tus pétalos se caían, tu tallo débil, tus hojas apagadas.
El sexto día, tu cabeza inclinada, apuntaba al suelo del reposo imperecedero. Tu espalda curva, doliente, sin arreglo, hizo la última reverencia de cortesía a quien te vio de nacimiento.
El séptimo día, entré en tu morada, y ahí estabas clavel, opaco y en agonía, con miedo de abandonar tu cuerpo a un viaje ajeno, el cuál nadie conocía.
III
¡No te vayas, oh clavel!
¡No me dejes sola en esta vida!
¿Que haré sin tu presencia?
¿Cómo te apartaré de aquel jarrón, en el que te puse algún día?
¿Qué haré con el agua colmada en partículas de tu esencia?
¿Quién me dará el amor que solo tú me tenías?

IV
Te daré honorable sepultura, una digna de una flor,
de la tierra apareciste y en la tierra te pondré yo.
Luego de que te cubra con aquella noble arcilla,
haré que tu simiente retorne a esta vida.

Resurgirás nuevo y sereno,
etéreo, tenue,
como en tus mejores tiempos clavel;
¡lozano! ¡fresco! ¡fuerte!

V
Clavel, necesito de tu compañía sin condiciones,
tú eres el quid, alimento espiritual
¡no vivo sin tu presciencia! ¡me devora la melancolía!

VI
¿Volverán esas noches, en que dormías soñando con nubes de colores?
¿Y qué hay de esas, en que cantabas versos silenciosos a media noche?

VII
Bajaré a la tierra inmaculada y tomaré tus hojas muertas, clavel,
te levantaré del polvo fallecido,
y te soplaré una vida para nunca desvanecer.

                                    

martes, 9 de abril de 2019

El hombre libre




No hay joya tan valiosa como la libertad del hombre viandante,
 el cuál con sus armas más notables: armonía, calma y acuerdo,
arroja pétalos de rosa al viento y danza sobre colinas de girasoles dorados.

Su voz se alza para exclamar al mundo ¡respeto!
Y su mano se levanta sobre otro para ofrecer un abrazo fraterno.

Cambia el proyectil por una revolución de amor,
Bomba, tanque, mosquetón;
para ser fundidos en monedas de valor,
para levantar a al carente,
para albergar al herido,
para proteger los vestigios,
para redimir la sangre de la memoria encarcelada.

Para propalar olivos balsámicos
e inundar la tierra en lechosas amapolas tersas.
Para liberar copiosas palomitas blancas,
que vuelen libres por doquier sea.


lunes, 9 de abril de 2018

No quisiera


No hay manera de volver, a veces quisiera
y llegar hasta el momento de alterar la vida y no tocarte, quisiera
de mirar la linea recta que conduce a la moral, quisiera 
y de no soltar el eje, el cual no solía recordar, yo quisiera.

Aturdida súbitamente por el tejido de tus palabras serenas,
las que arropaban cuerpo, sangre y esencia en aquella esfera.
¡Vuelve! capitán de aquellas noches de bruma espesa
¡Canta otra vez en mi llanto y desnuda tu alma funesta!
¡Vuelve mestizo! ¡Vuelve mitad azteca! renuncia a tu Tenochtitlán y camina por otra senda.

No hay manera de volver, no quisiera
ver el gris de tu rostro, no quisiera
encender tus ojos garzos, no quisiera
escuchar tu soplo céntrico, tal vez quisiera
y mirarte un lapso tardío, quisiera.
¡Vuelve hijo de la chingada! yo quisiera.


lunes, 15 de enero de 2018

Injusta entrada a la vida y sin salida

Y cuando llegaste no hubo celebración,
solo de dos que miraron asombrados,
que asustados te tomaron y te insertaron en la vida.

Y cuando caminaste no hubo celebración,
poco importaba el tirón,
nada tenía color.

Y cuando volaste no hubo celebración,
solo pasaste, distraído, sin sonidos sin canción.
ausencia en tu presencia, laguna interior.

Y cuando te uniste no hubo celebración,
ni un rostro alegre ni un canto esperanzador.
solo miraste perdido,
no hubo vianda, no hubo juerga, no hubo chicha, ni menos arroz.

Y cuando te sentiste vivo no hubo celebación,
no sabías del aroma de una cava,
no entrabas en el círculo estanco sin sazón.

Y ahora que ya te estas yendo,
¿llegó la hora de celebrar?
ahora que rodeado estás,
ahora que sin miedo y sin freno.

jueves, 7 de diciembre de 2017

Imán y Alboroto

Son las voces de esas mañanas frías,
sonidos que ya no vendrán
son las auras de esos pensantes,
seres que no estarán.

¡Qué deleite trabajar en estos muros planos!
sin colores, sin texturas, sin cuadros.
No hay pautas ni estructuras fastidiosas,
¡Esto es un estado privado!

¿Por qué la felicidad en medio de estos humanos?
¿Por qué mirar en colores lugares apagados?

Son los inciensos encendidos de aroma a ideal bizarro,
¡Ya basta! correligionarios,  ¡Dejad hablar a las minorías, que ya estamos todos cansados!

¡Esto era! al parecer, una magia curiosa,
¡las paredes escuchan, dialogan y provocan!
Es un escándalo de blasfemia onerosa,
¡Es una fiesta insurrecta! Es agitada, es honrosa.


viernes, 1 de diciembre de 2017

Últimamente

Es el color dorado de tu piel que me atrapa,
es el mar en tus ojos  que me hechiza, 
es tu aroma silvestre que me intimida,
es tu mirada magnética  que me apresa en ti,
no puedo escapar de ti. 

Es como si pudiera palparte al instante, 
cuando vienes a mi memoria y te detengo,
es como si pudiera respirar nuevamente tu soplo  
aquel que ya es vestigio en mi cuerpo.

Es como si vinieras y me recitaras esos viejos cantos,
que hablaban de amor eterno, 
que incitaban a la pureza de tibios abrazos,
que suplicaban el ardor de mis besos en tus besos. 

Son tus piernas, tórridas, en dirección a las mías 
como un imán que se prende de su morada,
son tus manos de artista, las que se hacían en las mías, camarada.
son tus caricias perfectas, las que quedaron talladas en mi columna, 
y tus palabras tiernas que dejaste grabadas en mi hasta la tumba.